Circuito Huayhuash

Han pasado ya casi dos meses del viaje a Perú y aún recuerdo como si fuera ayer esas últimas subidas donde descubrí una sensación que nunca había tenido antes, algo así como acercarse a un límite.

El 26 de junio viajé a Perú con mi esposa Chere y Tiago, nuestro hijo de 4 años. El objetivo principal del viaje era que yo corriera el Circuito Huayhuash sin parar. Inicialmente ellos no estaban considerados para todo el viaje, que duraría unos 20 días y que incluía, ademas de este reto, competir en dos carreras. Pero finalmente decidimos que iríamos todos, y eso le dio un giro a la experiencia.

¿Qué es Huayhuash?

La Cordillera de Huayhuash se encuentra al sur de la Cordillera Blanca, muy conocida y frecuentada por gente de todo el mundo que va a escalar montañas, hacer caminatas y otras actividades de aventura. Allí destacan cumbres como la del Alpamayo o el Huascarán entre otros. Huayhuash en cambio, es mucho menos frecuentada, por ser un sitio mas remoto y porque las montañas allí son de una dificultad extrema. Rodeando este grupo de montañas existe un circuito que la gente (la mayoría) recorre caminando en un periodo de 10 a 12 días y algunos pocos lo hacen corriendo en 6 días.

Mapa turístico del Circuito Huayhuash.

Lo que tiene de particular el Circuito Huayhuash, además de estar en un lugar remoto, es su poca accesibilidad, digamos que solo tiene dos puntos de acceso. Existen otros, pero usarlos implicarían recorridos de un día completo y en vehículo 4×4.

La ruta principal tiene unos 120 kilómetros de recorrido (aunque hay algunas variantes) y mas de 10,000 metros de desnivel positivo. Pero más allá de eso, la principal dificultad es que la altitud promedio del camino ronda los 4,200 m.s.n.m.

Perfil de altimetría del Circuito Huayhuash donde se puede ver que el promedio de altitud ronda los 4,200 m.s.n.m

 

Why Huayhuash (por qué Huayhuash)?

Yo había estado en la Cordillera Blanca en el año 2009 con un grupo de amigos. En aquel viaje escalamos varias montañas, anduvimos en bici y yo, que ya tenía mucha afición por el trail running, me iba a correr por las quebradas, que son las vías de acceso a las altas cumbres. Pero en ese viaje solo vi algunas fotos de Huayhuash y me pareció un lugar hermoso, más inhóspito pero lleno de vida. Posteriormente investigué sobre el Circuito y vi que tenía 120K, y pensé que podía ser algo para correrse de un tirón. Buscando en la web encontré que la corredora estadounidense Darcy Piceau lo había completado en 29 horas y fue cuando el Circuito Huayhuash entró en mi lista de «proyectos por hacer algún día.»

 

La previa

A inicios del 2019 comencé a considerarlo como un plan para este año y unos meses después me encontré con un post que anunciaba una carrera en la Cordillera Blanca. Me contacté con su director y le dije que más allá de querer participar en el Cordillera Blanca Ultra Trail, lo que realmente quería hacer era el Circuito Huayhuash.

Así conocí a Andrés Olivera, quien desde un inicio se mostró muy dispuesto a apoyarme. «Yo participé en el récord de Christophe» me dijo. ¿Cómo? ¿Cual récord? Resulta que el francés Christophe Le Saux, quien ademas de correr (y ganar) algunas de la carreras mas duras (Tor des Geants, UTMB, CCC, Diagonale des Fous, Marathon des Sables, entre otras) ha encontrado cierto placer por hacer retos bestiales; como el Tour de los Annapurnas, el Ultra Trail del Mont Blanc en autosuficiencia y también el Circuito Huayhuash en 25 horas y media. Si, una maquina.

 

Vista de Huaraz desde la azotea de nuestro nuevo hospedaje.
Una de las tantas reuniones para revisar la logística con Marc Masconi. Foto de Chere

Andrés me presentó a Marc Masconi, un suizo/francés que vive gran parte del año en Perú, quien tiene una empresa de aventuras y es buen muy amigo de Christophe. Marc desde el inicio se volvió una parte vital del proyecto, sobretodo en la planeación y logística, y terminamos siendo buenos amigos. La planeación es, junto al entrenamiento, lo más importante en este tipo de misiones. Y creo que aunque lo hicimos bien, es la parte que más me estresó.

De México a Perú

Como les decía, el proceso de llegar a Perú fue de por si extenuante. No se trata de subir al avión y listo; Hay que comprar los vuelos, conseguir el transporte de Lima a Huaraz (que sería nuestra base en Los Andes), reservar hospedaje, hacer el itinerario, considerar todo el equipo que deberíamos llevar para las diversas actividades que teníamos planeadas, tratar de conseguir financiamiento para cubrir parte de los gastos y otras cosas más. Y todo recaía en mi. Ya no veía la hora de subirme al avión y listo.

Primero viajamos Chere, Tiago y yo. Días después llegaría Benjamín Soto quien sería el encargado de documentar en video la aventura. Y junto a Benja, estaría su hermano Nacho, quien coincidió que esta viviendo en Lima por cuestiones de trabajo.

Llegamos a Huaraz a las seis de la mañana y derecho a despertar a la señora del Air BnB porque después de 20 horas teníamos mas ganas de llegar que pena. Pero resulto que el Air BnB, a pesar de que era una casita muy acogedora, no tenia WiFi que prometía y peór aún, no había forma de regular la temperatura del agua en la ducha. Es decir, o te congelabas con el agua que baja directo de los glaciares, o te calcinabas. Así que la primera aventura consistió en cancelar el hospedaje que ya teníamos reservado por una semana y encontrar otro, en plena temporada de turismo y en una ciudad donde la oferta es muy limitada. Así llegamos al departamento de Victor, que estaba amplio, un poco kitsch como el resto de Huaraz, pero muy bien ubicado y ameno. Su mamá Nancy nos recibió aún con la escoba en la mano y con mucha calidez.

 

KV y UTCB

Como parte del proceso de aclimatación y entrenamiento, participé en dos carreras; un kilómetro vertical nocturno y el Ultra Trail Cordillera Blanca de 50K.

Así que un día después de haber llegado nos lanzamos al KV. Allí conocí a Marc en persona y resulto que, además, ¡es buen corredor! Salimos al atardecer cuesta arriba y rápidamente tuvimos que encender la frontal. Yo agarré buen paso y traté de mantenerlo sin esforzarme demasiado. Siempre con la idea de que esto sería parte del entrenamiento. Llegué en tercer lugar a la meta detrás de dos galgos de Arequipa que también correrían el UTCB, pero por suerte, en otra distancia.

Dos días después volvimos a la competencia y esta vez al 50K. Me habían hablado de los favoritos pero la verdad creo que nunca había sentido menos presión antes de una carrera. Tenía claro que mi objetivo estaba fechado para el 13 de julio en Huayhuash.

Me encontré con Marc en Casa de Zarela, el mejor hospedaje de Huaráz cuya dueña Zarela) la había conocido en mi primer viaje a Perú. Este sería el punto de encuento para muchas otras reuniones durante el viaje. Me fui a la carrera con Marc y su taxista de cabecera, Carlos.

En la mañana hacía frío (en esta época del año en Perú, es invierno y los días son cortos) y ni ganas daban de ponerse los cortos. Salimos a las 07:00 y me costó varios kilómetros agarrar ritmo y aire. A pesar de que había subido al Iztaccihuatl unas semanas atrás y el KV, aun estaba lejos de estar bien aclimatado. Dejé que el grupo de la punta se fuera y agarré mi ritmo. Andrés me había dicho que por el kilómetro 20 había una subida larga y que valía la pena llegar entero. Más o menos llegando al Km. 10 el grupo se había fragmentado y yo me encontraba corriendo con Marc y un niño que no paraba de tirar madrazos, después de un rato ya me había hecho dudar si realmente era una estrategia ganadora o se estaba suicidando lentamente. Por suerte en la subida a Churup (4,500 msnm) me pude despegar de ambos y correr solo un rato, porque no soy nada bueno para ir en manada durante una carrera.

En la bajada alcancé a un corredor local que en cuanto pudo encendió el turbo y me dejó solo. Pero poco más adelante nos volvimos a encontrar y se quedó atrás (finalmente hicieron pareja con Marc para compartir la carrera). La subida del 20 efectivamente era interminable; de camino ancho y lo peor; se podía correr. Yo solo rogaba que la bajada no fuera por el mismo lugar. Y por suerte en cierto punto nos desviaron hacia un sendero rápido y técnico hasta un poblado a cinco kilómetros de la meta. Me sorprendió que durante algunos puntos de la carrera (y también en el KV) algunos miembros del staff y espectadores me reconocían y hasta me deseaban suerte conociendo mis intenciones en Huayhuash.

En esos momentos que lo único que quieres es terminar, fue una ayuda saber que Chere y Tiago estaban esperándome en la meta. Así que los últimos kilómetros mantuve el paso. Al final había una subida de unos 200 metros que yo ya tenía la idea de caminar o, a lo mucho, trotar despacito. Pero ahí estaba Chere y Tiago, quien me agarró la mano y se hecho a correr cuesta arriba (yo que venia bien tranquilo y con ánimos de cuidarme). Y así crucé la meta en tercer lugar.

Pero más allá de los resultados, estas carreras me habían servido de gran forma para completar el ciclo de entrenamiento que habíamos podido hacer en un tiempo bastante corto (creo que me decidí a hacer este proyecto unos dos meses antes) y de aclimatarme un poco a la altura.

 

Vamos a conocernos

Lo que seguía en nuestros planes era ir a conocer Huayhuash. Evidentemente no iba a poder hacer la ruta completa por falta de tiempo. Pero sabía que al menos recorrer una parte me daría cierta seguridad y familiaridad con el entorno que enfrentaría. Marc nos ayudó a contactar a un arriero y con el taxista Carlos nos fuimos primero a Chiquián y de ahí, a Llamac, puerta de entrada al Circuito.

El plan consistía en recorrer los primeros 33 kilómetros en cuatro días. Pero mi gran incertidumbre (y temor) radicaba en cómo reaccionaría Tiaguito a estar en la montaña, y sobretodo por encima de los 4,700 metros de altura. Chere no me preocupaba tanto porque es una mujer fuerte, es buena para andar en la montaña y sobretodo es adulto. Pero había buscado información acerca de los niños y el mal de altura altura, y no había encontrado nada que dijera que era malo o todo lo contrario.

En Llamac, un pueblo realmente pequeño y pintoresco con casas de adobe, conocimos al arriero Cesar y su esposa Jacinta. Cargamos la comida y equipo en las mulas y comenzamos la caminata. Chere llevaba una mochila donde se puede cargar a Tiago y yo llevaba otra con nuestras cosas para el camino. La gente en esas circunstancias me suelen ver como un mal compañero y hasta suelen hacer algún comentario entre dientes tipo «que poco hombre». Pero la verdad es que Chere considera el tema de cargar a Tiago y sus 20 kilos, como un extraordinario ejercicio. Mientras tanto, Cesar iba a su ritmo con los animales, que evidentemente era mucho mas rápido que el de una familia con un niño de cuatro años. Nosotros hacíamos una parada aquí y otra por allá para comer o tomar algo, para mirar una piedra que a Tiago le parecía interesante o simplemente para pasar de la canción del cocodrilo a la de los hermano Kratt (nuestra caricatura favorita).

Con Cesar y Jacinta en Llamac; todo listo para una aventura familiar de cuatro días en Huayhuash. Foto de Chere

El primer día teníamos que llegar al campamento de la Laguna Jahuacocha (4,050 m.s.n.m.) en unos 12 kilómetros de recorrido. El camino comienza con una fuerte trepada (voy a guardar la descripción del recorrido para más adelante) hasta el paso Pampa Llamac (4300 m.s.n.m.). Estábamos llegando al final de la subida cuando un grupo de arrieros con mulas nos alcanzó y nos ofreció darle un ride a Tiago. Volvíamos a recibir hospitalidad y cariño de peruanos desconocidos. Me fui con el grupo de arrieros (que resulto que eran parientes de Cesar) porque la verdad es que a pesar de todo, se siente raro que tu hijo se suba a un burro con gente desconocida.

Llegué a Pampa Llamac y por fin pude ver a Huayhuash en todo su esplendor; es una imagen y una emoción que nunca olvidaré, incluso al escribir esto, recuerdo esa vista y siento como un imán que me atrae desde el alma a regresar a ese sitio. Voltee y vi que Chere venía un poco más atrás, le grite que se apure, que tenia que ver eso (ingenuo total, como si de repente se fuera a quitar la postal de ahí). Cuando llegó aproveché a hacer unas fotos y caminamos juntos sin peso, un poco de bajada y sin hijo.

Primera impresión de Huayhuash; la imponente vista desde Llamac Pampa.

Llegamos casi al atardecer a Jahuacocha, Cesar ya había preparado la carpa choza y una de las nuestras. Chere y Tiago dormirían en una tienda mientras yo trataría de descansar mejor durmiendo solo en la otra.

La dinámica más o menos se repitió día a día. Yo hacía el desayuno para todos y Chere vestía a Tiago con toda la ropa que llevábamos hasta que el pobre perdía casi toda su movilidad. Luego levantábamos campamento, Cesar lo trepaba a los burros y comenzábamos a caminar. En la tarde llegábamos al camp, yo preparaba la cena para todos, hacía algunas fotos por ahí y a dormir.

Durante las caminatas yo o Chere cargábamos a Tiago en parte de las subidas, parábamos a comer algo (por lo general al llegar a la parte más alta en los pasos de montaña) y sobretodo tratábamos de mantener el espíritu alto y la creatividad constante para inventar canciones, chistes o temas nuevos de conversación.

Primer día: Campamento en Laguna Jahuacocha (4,100 mts)

La verdad es que esos cuatro días en Huayhuash fueron positivos en muchos sentidos, y muy agotador en otros. Desde el punto de vista físico estuvieron muy buenos para aclimatarnos y seguir entrenando. Mas allá de algún comentario de Tiago como «mamá, la tienda da vueltas» (mejor conocida «cama loca»), no sintió realmente la altura, incluso en pasos de 4,750 metros. Y Chere muchos menos. Pero mis piernas y espalda sufrieron la mochila con el pequeño Tiaguito.

Desde el punto de vista emocional fue buenísimo conocer parte de la ruta y más compartirlo en familia. Pero por momentos, mi cansancio mental después de haber planificado casi todo hasta ese punto, incluido este scouting y todo el gran proyecto que tenía en puerta, me llevaban a un nivel de estrés poco saludable para la armonía familiar, y entonces explotábamos todos (when the shit hits the fan, you know?).

Yo podría disfrazar un poco esta historia contarla con todo color de rosa. Pero no me avergüenza el hecho de tener de vez en cuando peleas con mi familia o que mi hijo de vez en cuando grite, no llore o haga un berrinche. Eso sí, me avergonzaré si no logro algún día haber crecido con esos tropiezos. Al fin y al cabo, eso es lo que nos hace mas fuertes, como individuos y como grupo familiar.

 

Regreso a «casa» por unos días

Al cuarto día de estar en Huayhuash regresamos a Cuartelhuain, el otro punto de acceso a Huayhuash, donde Carlos nos esperaba para llevarnos de regreso a Huaraz. Aunque ya habíamos agarrado cierta incercia con los días y creo que a los tres, en algún algún momento, se nos cruzó la idea de seguir caminando y dar la vuelta completa a Huayhuash (pero quizás otro año).

La mañana siguiente llegó Benja, quien venía de trabajar al nivel del mar y necesitaba aclimatarse en tiempo récord. Mientras tanto, otros preparativos seguían en proceso. Por ejemplo, el de conseguir un pacer. Se le llama así a quien durante una carrera sirve de acompañante y apoyo, muchas veces conoce el camino con anticipación y su atención esta volcada 99.9% hacia el otro. Originalmente habíamos considerado tres pacers para diferentes secciones del Circuito. Luego dos, luego solo uno, y ahora nos estaba costando trabajo concretar a ese uno. Su nombre es William Chinchay (Wilder) y es porteador, guía de montaña, corredor, todas, o alguna de todas las anteriores. La cosa es que el amigo Wilder, con quien ya había tenido contacto. Se había mostrado muy interesado en apoyarme en un inicio, pero luego su comunicación había sido poco entendible y no dejaba claro si estaba disponible o no. En esta época, a la gente que trabaja en montaña se les satura la agenda y en una temporada que no venía muy buena, había que aprovechar cualquier oportunidad de trabajo. Pero finalmente Wilder aceptó el reto.

En esos días hicimos algunas caminatas más como a la Laguna Churup y a Wilcacocha. El 9 de julio era el cumpleaños de Chere, y decidió que lo que más quería, era irse a escalar sola. Benja, Tiago y yo nos fuimos a la Laguna Llaca (4,500 m.s.n.m.) para seguir aclimatando. ¡Oh, sorpresa cuando llegamos de regreso a casa! Chere se había caído y ahora gozaba de un oportuno esguince de segundo (casi tercer) grado en el tobillo. Y los preparativos seguían.

Como parte de estos, mandé algunas cosas (comida y ropa) con el grupo de turistas de una tal Dennis que me contacto por Facebook y que estarían a mitad del Circuito el mismo día que yo. Esto me serviría de «abasto» a mitad de la noche y en mitad del recorrido. Pero de cierta forma, tener que administrar mi equipo y comida me llenaba la cabeza de más dudas. Recuerdo que esas noches en Huaraz me costaba mucho dormir y me la pasaba pensando en horarios, calorías, peso, cantidad de agua, duración de baterías y muchos otros factores que pueden influir en el éxito o en un fracaso rotundo.

Finalmente, como cereza del pastel, una camioneta que nos habían prometido  para usar durante el reto, sucedió que «siempre no», que estaba en el taller y que la abuelita de Superman. Así que la nueva aventura fue conseguir una camioneta para poder ir a Huayhuash. Benja había llegado justo a tiempo para documentar el drama de la expedición. No me voy a extender demasiado pero después de evaluar si nos íbamos en Taxi o en un cochecito todos apretados, terminamos rentando una camioneta a una señora que nos mandó a su hijo de chofer. Mismo que literalmente fuimos a despertar de su casa mientras disfrutaba de sus días de descanso laboral. Esto pasaba la misma mañana que teníamos que partir hacia Huayhuash para correr el circuito non stop. Así fue como Jesus terminó en el equipo.

Salida de aclimatación en el mirador Rataquenua, a las afueras de Huaraz. Foto de Benjamín Soto.

 

Llegó la hora

Habían muchos factores que jugaban a la hora de decidir cual sería la mejor hora para comenzar a correr Huayhuash; Christophe me había recomendado salir lo más temprano posible. Por otro lado Chere decía que lo mejor era salir en la tarde y correr toda la parte que ya habíamos scouteado de noche (cosa que no era nada bueno para Benja que tenía esas pocas chances para grabar). Finalmente me fui por la voz de mi corazón. Un día antes del reto, en Chiquian, me explotaba la cabeza de dolor y sólo quería dormir. Yo estaba tan cansado que lo único que quería era una buena noche, levantarme con calma en Chiquián, desayunar y salir hacia Llamac sin prisas. Así que decidí que el inicio fuera a las 13:00 (mi número favorito).

Cesar, el arriero, había comenzado el Circuito con un grupo de clientes de Aventures Andines (la empresa de Marc) varios días antes y me lo encontraría mas o menos a la mitad, en el mismo lugar que el grupo de Dennis. Así que para evitar confusiones coordinamos para que todo estuviera en el campamento de Cesar. Por su parte, Jacinta y Wilder habían salido un par de días antes para que los encuentre en la Laguna Carhuacocha (Km 42) entrada la noche. Allí Jacinta me prepararía algo caliente para comer y Wilder comenzaría a correr conmigo.

Marc, quien originalmente no tenía intención en participar como pacer, me ofreció correr conmigo los primeros 25 kilómetros juntos hasta Cuartelhuain. Y eso, después de tanto momentos de tensión, lo sentía como un alivio.

En la casa vacía de Cesar y Jacinta todos nos preparamos para el momento tan esperado. Chere preparaba un poco mas comida, para terminar de llenar el tanque. Benja y Nacho las cámaras y su logística de cobertura y Tiago, que creo que vivía una oleada de nervios y desconcierto de lo que estaba pasando, saltaba de un lado a otro llamando la atención.

Me paré junto a Marc en la esquina de la calle que ya conocía, encendí el reloj y el equipo de rastreo satelital y comenzamos a caminar cuesta arriba. Creo que trotamos un poco «para las cámaras» pero ambos sabíamos que el largo día no ameritaba hacerse el héroe en los primeros metros.

Llamac es el punto más bajo de toda la ruta (3,300 m.s.n.m.) y se sube al primer paso, Pampa Llamac (4,300 m.s.n.m.) en sólo 5.2 kilómetros. Así es, comenzamos con un bonito kilómetro vertical para calentar. Subimos a buen ritmo (ahora que lo pienso quizás un poco fuerte) pero platicando todo el camino. Una parte de mí sentía alivio de por fin haber comenzado esto tan esperado, pensado y temido. Y la otra parte batallaba entre la sensación de estar viviendo un sueño y tratar de capturar cada instante de esa experiencia irrepetible.

Sobre Pampa Llamac volaba un cóndor, «el rey de la montaña», pensé. Y nos quedamos mirándolo unos segundos mientras se alejaba en dirección al valle, como si nos enseñara el camino. Cruzamos Laguna Jahuacocha y atacamos la trepada al Paso Sambunya. Al iniciar la subida nos cruzamos con un señor que nos preguntó hacia donde íbamos. «A Llamac» le dijimos. Entre incrédulo y con ganas de ayudar él respondió «¡Pero Llamac es para el otro lado!». «Vamos a hacer la vuelta completa», dijo Marc, y seguimos cuesta arriba. A media subida escuchar el drone de Benja me hizo sentir acompañado. Pensé que con su corta aclimatación le costaría subir hasta el Paso, a los 4,750 metros de altura. Pero ahí estaba, sonriente y más motivado que nunca. Creo que le dije algo como «sabía que te iba a gustar el lugar» pero quizás solo lo pensé. La cosa es que me sentía agradecido y pleno de poder compartir esta aventura con él.

De bajada Marc se adelantó y yo me quedé un rato esperando a Benja, aunque la ansiedad por soltar las piernas y correr me quemaba por dentro. Más abajo nos reagrupamos y corrimos un par de kilómetros por un camino donde Nacho, Jesus y Tiago nos acompañaron desde la camioneta hasta Cuartelwain.

Bajando de Paso Sanbunya (4,750 msnm). Foto de Benja Soto
Con Marc, llegando a Cuartelwain. Foto de Nacho Soto

Llevaba mejor tiempo del que había planificado, la idea era llegar a ese punto con la última luz del día, comer algo que había preparado Chere y continuar, pero ahora solo por un rato. Los ánimos y el cariño del equipo, de mi gente, me hacían sentir fuerte. Aunque por unas cuantas horas no los volvería a ver.

Al caer el sol, la temperatura bajó radicalmente, así que me abrigué y comencé a subir de nuevo. Todo Huayhuash, en general se trata de eso; subir hasta un paso de montaña y bajar a un valle donde suelen estar los campamentos de la gente que camina el circuito. Eso sí, cada paso varía, hay unos más «fáciles», otros más técnicos. El más alto es el Paso Cuyoc (5,100 m.s.n.m.) que me tocaría en el Km 72 aproximadamente a las 06:00 según mis cálculos.

La verdad es que disfruté bastante el hecho de correr de noche y sólo. El problema es que después de Laguna Mitucocha, que es hasta donde había llegado con Chere y Tiago, ya no conocía el camino y por momentos el sendero se borraba. Tenía que sacar el GPS y revisar la ruta, cosa que me hacía perder tiempo y rompía el ritmo. Más que nada por eso tenía ganas de llegar a Carhuacocha y comenzar a correr con Wilder, quien conocía la ruta bien.

Llegué al campamento e inmediatamente reconocí la carpa-choza de Marc (la misma que habíamos usado durante el scouting) y entré despertando a la pobre Jacinta y Wilder, eran como las 21:30. Jacinta me ofreció un plato de caldo de pollo, verduras y pasta. Y Wilder me preguntó si había llevado su lampara frontal. «¿Qué? No amigo, no tengo tu frontal, pero tengo una de repuesto y la puedes usar». Le pasé a Wilder el Steripen (un sistema de purificación de agua que había decidido usar ante la recomendación de no tomar agua de los ríos sin purificar) y algo de comida para que me ayude con el peso de la mochila. Porque para entonces, yo ya llevaba nueve horas de fiesta.

Después de unos 15 minutos de recreo, volvimos al ruedo. Una de las cuestiones que me dolía de haber arrancado a medio día es que una de las partes más emblemáticas del circuito, las Tres Lagunas, la pasaríamos de noche. Habíamos definido la fecha del reto tratando de acercarnos lo más posible a la luna llena y afortunadamente la noche estaba despejada y podíamos ver las cumbres nevadas, el reflejo del agua y las miles de estrellas incluso a medianoche. Llegamos al mirador de las Tres Lagunas. Entre lo que podía distinguir en la oscuridad y lo que recordaba de las fotos que había visto en internet disfruté unos minutos ahí, escuchando las constantes avalanchas que caían del Siulá Grande.

Desde que arrancamos, Wilder llevaba un ritmo endemoniado, trotaba en las subidas como si fuera plano y parecía que la altura no le afectaba en lo más mínimo. Pero en la subida al Paso Siulá, (Km 50) yo comencé poco a poco a sentir el cansancio. Al inicio me desconcertó un poco que Wilder fuera adelante y tuviera que irme esperando, pero entonces yo todavía estaba fuerte de la cabeza y pude bloquear los pensamientos negativos concentrándome en mi ritmo.

Pasaron un par de horas y el cansancio aumentó, necesitaba otro break, y me mentalicé de que cuando llegáramos a la Laguna Viconga (km 70), me tomaría otros 15 minutos para descansar y comer algo caliente. En ese campamento estaría Cesar con equipo seco, comida caliente y sobretodo, me daría mucho gusto ver una cara conocida.

Todavía «fresco», aprovechando la última luz de la tarde, e intentando no apurar demasiado el paso cuando aún queda mucho por recorrer. Foto de Benjamín Soto

 

La noche

César me había dicho que acamparían en la parte alta de Viconga y no en el lugar donde suelen acampar todas las expediciones. Los grupos suelen hacer su campamento allí porque está cerca de unas aguas termales, pero eso implica bajar casi un kilómetro y luego regresar para continuar por la ruta.

Entre mis cosas le había dado a Cesar una frontal extra para que pusiera afuera de la choza y la pudiéramos identificar fácilmente en la noche. Cuando nos acercamos al lugar le comenté a Wilder, pero probablemente ya nos habíamos pasado del punto de encuentro. Y a pesar de que gritamos y dimos unas vueltas, no tuvimos señales de Cesar. En ese preciso instante mi lámpara se apagó y quedamos a la suerte de la que yo le había prestado a Wilder. Me quedé sólo unos momentos, en total oscuridad, a 15 grados bajo cero y en el lugar más remoto de Huayhuash mientras Wilder buscaba alrededor algún indicio de nuestro abasto.

Durante esos minutos comencé a sentir que el proyecto se derrumbaba. Todo hasta entonces iba mas o menos como planeado; los tiempos, la alimentación y la navegación. Pero en un segundo todo cambió y a partir de entonces ya no iba tras un tiempo, sino sólo tratar de salir de allí.

Desde un inicio era consciente de las 25 horas y media de Christophe, pero mi objetivo principal no era bajar ese récord. Sabía también que Darcy es una corredora muy fuerte y había metido 29 horas. En todo proyecto siempre tiene que haber un objetivo, podría haber sido un tiempo o el puro hecho de pasarla bien. Pero yo me puse como meta solo pasar una noche allí, llegar a Llamac antes del atardecer, es decir justamente un tiempo entre el del francés y Piceau.

Sin saber que hacer, cansados y un poco desesperados, decidimos bajar hasta la zona de campamento común, donde sabíamos que estaría el grupo de Dennis. Los muchachos, que sabían que pasaríamos por ahí a esas horas de la madrugada, no estaban del todo dormidos y nos dieron un poco de te y pan con mermelada. Lejos de lo que tenia esperanzas de comer, pero era mejor que los geles y chocolates que ya me tenían un poco cansado.

Allí nos indicaron donde estaba la choza de Cesar y después de descansar unos minutos salimos nuevamente a la oscuridad, yo a tientas seguía a Wilder, esperando con ganas el momento de volver a tener mi propia luz y comer algo sustancioso. El rato que de por si ya no era bueno, pasó a peor cuando metí las patas en un charco de agua congelada.

Finalmente encontramos el campamento, me cambié las zapatillas y la camiseta, agarré algo de la comida que había enviado y volvimos a salir. La comida caliente no estaba lista y ya habíamos perdido demasiado tiempo como para esperar otro rato. No sé si fue una buena idea dejar atrás la última oportunidad de comer algo contundente, pero tampoco estaba dispuesto a pasar más tiempo allí. César nos recomendó agarrar otros sendero para retomar el circuito, y Wilder parecía haber entendido la idea, pero en la práctica, nos volvimos a perder. Pasamos otro rato caminando entre pastizales y de subida. Yo trataba de encontrar el camino correcto usando el GPS y Wilder, subía y bajaba peinando la ladera de la montaña.

Mi idea era pasar una media hora (como máximo) en Viconga comiendo y descansado. Pero entre la perdida y el desencuentro pasamos mas de una hora y media allí, y eso mentalmente no fue bueno.

Para cuando retomamos el camino, ya amanecía y el frío comenzaba a ceder. Llegamos al tan temido Paso Cuyoc, el más alto del circuito con casi 5,100 metros de altura. Además de ser el paso de montaña más respetado, es uno de los más espectaculares, porque el sendero se acerca especialmente a las paredes de roca, hielo y nieve que a esa hora tenían un tono dorado espectacular.

El constante movimiento hace que uno mantenga el calor corporal, pero aún así, iba con pantalón largo encima del corto y como cuatro capas en la parte de arriba rematando con una pluma. Bajando de Cuyoc, decidí volver a la camiseta y el short para evitar sudar de más. Bajamos un largo rato y luego atravesamos un valle interminable.

Durante la noche, el frío aumentaba abruptamente cerca de las lagunas (hasta 15 grados bajo cero), a causa de la humedad. Por otro lado la luna iluminaba las cumbres y hacía que se pudiera disfrutar del paisaje incluso en la madrugada.

 

Cómo si fuera magia

Cerca del poblado de Huayllapa inicia segunda escalada más dura del recorrido, algo así como un kilómetro vertical, pero peor. En el kilómetro 87 se sube de 3,600 a 4,800 m.s.n.m en nueve kilómetros de recorrido. Al pie de la subida le dije a Wilder que yo subiría a mi ritmo (o sea, despacio). Comencé fuerte adelante de un grupo de mulas y mantuve el paso para evitar que me rebasen y tener que respirar polvo el resto de la subida. Pero pasando la mitad comencé a volví a sentirme débil y cansado, pero lo pude controlar hasta llegar a lo alto del paso, donde Wilder llevaba una hora esperándome (eso dijo).

Bajamos a Qashpapampa juntos porque en el descenso Wilder sufría un poco de una rodilla. Comenzaba a tener una sensación muy rara y me costaba trabajo darme cuenta qué era. Antes de volver a subir me senté en una piedra, armé mis bastones y dije a Wilder: «Creo que me estoy durmiendo, necesito que te vayas conmigo porque no sé en que momento me pueda apagar del todo».

Wilder, no se si me entendió o no, pero arrancó y al poco tiempo me sacó una distancia considerable. Miré el sendero como zigzagueaba entre una altas paredes de roca y desaparecía muchos metros arriba, en el Paso Yaucha. No era el último paso, pero bajando de Yaucha volvería a entroncar con el inicio de la ruta, cerca de Laguna Jahuacocha, que era terreno conocido y relativamente cerca de Llamac. Y más allá de eso, había una gran probabilidad de que Benja y Nacho estuvieran en la zona de Jahuacocha. Eso me daba mucha esperanza. Pero el cuerpo se me apagaba y los demonios invadían mi mente con pensamientos negativos, uno tras otro. Mientras tanto, Wilder se alejaba más y ya sólo podía distinguirlo por el color de su chamarra que para entonces ya era un pequeño punto azul.

Busqué en mi mochila y me di cuenta que ya no traía agua ni comida. Me culpé a mi mismo por la idiotez de no reabastecerme antes de la subida, pero supongo que ya era parte de mi débil estado mental. Me entró miedo y desesperación. Saqué un gramo de fuerza que pensé que ya no tenía y alcancé a gritarle a Wilder que me dejara algo para comer en el camino. Daba unos pasos y me recargaba en los bastones tratando de conectar mi cuerpo y mente a través de la respiración. Miraba a mi alrededor y me sentía abrumado por la inmensidad de la montaña. Pensé que en cualquier momento me podía tirar a dormir entre unas piedras. Mi cabeza traía frases como «que estúpido, mira donde te viniste a meter», «que irresponsable», «no estabas a la altura», etc…

El lugar era imponente y pensé que no lo lograría. Pensé en tirarme a dormir y adiós al proyecto. Pero me acordé que probablemente nadie pasaría por allí sino hasta el día siguiente. Y además, ¿Qué pasaría con Chere, Benja, Nacho y los demás que me estaban esperando? Realmente frenar no era una opción. Me di cuenta que mi mente me estaba saboteando, entonces le grite y le dije «¡Basta!». En eso, me acordé que llevaba mi ipod, y que no lo había usado en todo el recorrido. Me enchufé los audífonos y le di play con la esperanza de que con el frío o porque mi ipod no anda muy bien, no fuera a fallar. Como en general me gustan las sorpresas, suelo usar el modo shuflle. A la primera sonó Queen con «A kind of magic», una de mis favoritas. Subí el volumen y fue como volver a la vida. Me esforzaba por no perder la concentración en la música, estaba logrando engañar a mi mente y seguir adelante.

Junto a unas rocas encontré el chocolate que Wilder me había dejado y lo fui comiendo poco a poco. A lo lejos, en el Paso Yaucha, vi unas personas y en un momento imaginé que pudiera ser Benja. Pero no, era un grupo de turistas que me dijeron que Wilder había bajado hacía 10 minutos. Me regalaron tres gotas de agua que quedaban en el fondo de un Nalgene y ahora con Metallica bajé soltando la piernas y recuperando el ritmo que hacia rato había perdido. Casi al final de la bajada pude reconocer el valle de Laguna Jahuacocha y estaba seguro que al final de una serie de switchbacks podía reconocer a Benja tirado en el piso con la cámara en un tripié. Por un momento pensé que sería una tontería cargar un tripié hasta ese lugar. Un poco más adelante me di cuenta que no era mi amigo, sino una vaca echada en el pasto y me di cuenta que estaba alucinando un poco.

Seguí bajando a toda velocidad al ritmo de Killers y Kings of Leon por el polvoriento sendero hasta el valle, y sin señales de Wilder. Imaginé que, estando a 12 kilómetros de la meta, se había ido directo a Llamac. Yo seguía sin agua ni comida (aquello era una bomba de tiempo) pero enfocado en llegar, escuchando la música y motivado. Bajé al valle y corrí a los largo de un rió buscando el cruce para llegar al trail, pero ya con poca paciencia, decidí mojarme con tal de salir pronto de allí. De repente, en medio de la llanura y en posición de vaca echada ahora si logré ver sin alucinaciones de por medio, a Benja. Tener alguien querido cerca me llenó de fuerza y confianza.

Corriendo rumbo a Pampa Llamac a 4300 msnm, con el Yerupajá (6635) y el Jirishanca (6125) de fondo. Foto de Nacho Soto.

 

The Final Run Down

Yo venía en un dialogo interno y profundo. Y evitaba cualquier cosa externa o pensamiento que pudieran quitarme de ese estadio con el cual estaba seguro que podría llegar a Llamac. Así que no nos dijimos mucho, corrimos juntos unos minutos hasta donde Benja había dejado su mochila que aún traía un poco de agua y un huevo revuelto en bolsa de plástico que me supo delicioso. Benja se quedó atrás pero más adelante estaba Nacho, así que con uno atrás y otro por delante me sentía más que cuidado. La última subida era fuerte, pero con el alma otra vez en el cuerpo, saqué mis bastones y la enfrenté con determinación. Llegué a Pampa Llamac pero ahora iba de salida. Me voltee para volver a ver esa vista imponente de la Cordillera una vez más. Tuve ganas de hincarme a besar el sendero y agradecer a la montaña por dejarme transitar con bienestar.

Con lo que me quedaba de fuerza tomé la bajada volando cuesta abajo mientras intentaba recapitular y digerir todo lo que estaba sucediendo. Sentado en una roca pude reconocer al señor que nos habíamos topado con Marc al inicio de la ruta, quien me regaló una sonrisa y unas cuantas palabras de aliento.

Me gusta bajar, me siento bien en descensos técnicos y esa no fue excepción, creo que fue de las partes que más disfruté del circuito (y que hice más rápido).

«Volando» cuesta abajo hacia Llamac. Foto de Nacho Soto

Llegando a Llamac pude distinguir a lo lejos la camioneta de Jesus, quien al verme agarró una cámara y salió corriendo hacia casa de César para grabar la llegada. Entrando al pueblo pisé el pavimento y me dio cierta melancolía sentir que esto llegaba a su fin. Chere no estaba porque había ido a buscar señal de internet para saber mi ubicación (ya había empezado a preocuparse), y Jesus no tenía tanta confianza todavía como para abrazarme. Así que frené y me senté en el piso unos minutos. Sin sonreír, sin llorar, sin nada. Mi cabeza aún estaba en otro lado, lejos.

Luego apareció Chere, Tiago, más tarde Wilder (que se había desviado a Laguna Jahuacocha para comer algo en un campamento) y finalmente Benja y Nacho. Todos regresamos esa misma noche a Huaraz, directo a casa de Zarela a cenar un buen Pad Thai.

Yo, Benja, Nacho y Jesús en Llamac y listos para volver a casa (de Zarela). Foto de Chere

En realidad los aprendizajes de la vida se dan en todo momento y en todo lugar; en nuestra vida cotidiana. Pero los viajes, además, nos dejan nuevos amigos y momentos inolvidables. Compartir ratos «incómodos» y superar las dificultades nos ayudan a forjar nuevas formas de relación con nuestra gente cercana. Y en lo personal, creo que a veces necesito ir lejos para llegar más adentro

«Disculpe las molestias, se encuentra temporalmente fuera de servicio.» Foto de Chere

Gracias a todos los amigos que estuvieron siguiendo nuestra aventura en los Andes peruanos. También a Deporte Hábitat, Salomon, Annapurna Apparel, Exposure, Epic Foods y Atlesia por su apoyo. Y por supuesto a Marc Masconi (Aventures Andines), Andrés Olivera, Zarela y su casa (el mejor lugar para hospedarse en Huaraz), Civa, Denis Van Immerseel y todos los que estuvieron en Perú ayudando con la logística y haciendo que esta aventura fuera inolvidable. 


Equipo usado en Huayhuash
Ficha técnica
  • Distancia recorrida: 129 kilómetros
  • Desnivel positivo: + – 10,013 m D+
  • Tiempo: 27 horas 25 minutos
  • Segundo mejor tiempo en el Circuito Huayhuash

Strava: https://www.strava.com/activities/2531487409


¿Te gustaría hacer Huayhuash en formato non stop?

Christophe y Marc están organizando el Hardtrail Huayhuash el 21 y 22 de mayo de 2020.

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Hay cupo disponible del 5 al 12 de mayo de 2020. Contáctame para recibir más información.

2 Comments

  1. Fuaaaa!!!
    Alucinante desafío, cuando me lo contaste en persona no dimensioné lo duro del recorrido y la majestuosidad de esas montañas.
    Gran relato y un lujo el mío haber compartido unos días con Chere y vos.
    Abz

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